La crisis de refugiados que Europa no puede eludir

La crisis de refugiados que Europa no puede eludir

 

 

Por Martin Wolf

La responsabilidad recae particularmente sobre las naciones que ayudaron a desestabilizar el Medio Oriente. Lo último que quería la UE era lidiar con una marea humana de refugiados. La crisis de la eurozona, la disputa con Rusia en relación con Ucrania y la decisión del Reino Unido de celebrar su referéndum sobre la adhesión a la UE representaban suficiente reto. Ahora se presenta una crisis tensa y difícil de manejar. Sin embargo, la UE no puede elegir con lo que debe lidiar. La UE debe hacerle frente a lo que está ante ella.

Los desesperados seres humanos que llegan a las costas europeas plantean enormes dificultades morales, políticas y prácticas. Pero hay que encontrar una manera de lidiar con ellos sin sacrificar los valores sobre los que la Europa moderna se construyó.

Al decidir qué hacer, la UE debe establecer una distinción entre los refugiados y los inmigrantes. Los países tienen obligaciones legales y morales para con los refugiados. Pero ellos no las tienen para con otros inmigrantes. La compasión por aquellos que están desesperados tiene que separarse de una evaluación más calculada de las ventajas y desventajas de la inmigración. Puede ser útil argumentar que los refugiados pudieran proporcionar beneficios económicos al país receptor. En muchos casos, sin duda alguna, las personas emprendedoras que tanto desean entrar a un país harán exactamente eso. Pero ésa no es la razón por la que debieran ser aceptadas.

Sin embargo, persuadir a la gente para que acepte esta distinción va a ser difícil porque las cantidades han aumentado significativamente. De acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), Europa recibirá hasta 1 millón de solicitudes de asilo este año — un número sin precedentes. De estas solicitudes, es probable que se conceda el estatus de refugiado a entre 350,000 y 450,000 personas. En comparación con crisis anteriores, las personas de los países vecinos de la UE están menos representadas, mientras que las de ubicaciones más lejanas lo están más. El origen del flujo de seres humanos es diverso: en el primer semestre de 2015, los sirios, afganos, iraquíes y eritreos representaron el 39 por ciento de todas las solicitudes de asilo.

El número de solicitantes de asilo aceptados este año alcanzaría sólo el 0.1 por ciento de la población de la UE, lo cual no es una cifra inmanejable. La cantidad de personas que llegan a la UE también es pequeña en relación con el número total de refugiados. El número de personas desplazadas por la fuerza en el mundo a finales del año pasado fue de 59.5 millones. Además, casi dos tercios de los desplazados permanecen dentro de las fronteras de sus propios países, mientras que el 86 por ciento de todos los refugiados se encuentran en países en desarrollo. Turquía acoge al menos 1.7 millones de refugiados, Líbano a 1.3 millones y Jordania a 1 millón. Dado el tamaño y la prosperidad de la UE, la tarea que enfrenta es relativamente trivial.

Estos hechos no tienen como intención menospreciar los retos. Dada la inestabilidad en el Medio Oriente y en África, el número de verdaderos refugiados es probable que aumente. Por otra parte, la UE parece haber perdido el control sobre sus fronteras. Por lo tanto, muchos más refugiados — así como muchos con una alegación menos justificada que los califique dentro de ese estatus — seguramente todavía están por llegar.

Entonces, ¿cómo deberían responder los europeos y sus aliados, en particular EEUU?

A corto plazo, los ingresantes deben ser procesados. Alemania ha declarado que espera recibir 800,000 solicitantes de asilo, o un 1 por ciento de la población, este año — el mayor número jamás registrado en un miembro de la OCDE. Pero su decisión de hacerlo está causando enormes tensiones dentro de la UE. Jean-Claude Juncker, el presidente de la comisión, ha propuesto que los refugiados se repartan entre los Estados miembros. Los ministros de la UE votaron el martes para reubicar a 120,000 personas en todo el continente durante los próximos dos años. Pero los miembros difieren enormemente en su verdadero deseo de acoger a los refugiados. De cualquier manera, una vez dentro del área sin fronteras de Schengen, no se puede ‘amarrar’ a las personas para que permanezcan allí; seguramente se trasladarán a donde creen que les espera una mejor vida. La UE necesita una política común, al menos para el espacio Schengen. El Reino Unido y EEUU también necesitan aceptar más refugiados.

También se necesita el mismo tipo de solidaridad para otra tarea: ayudar a los refugiados a integrarse exitosamente. Esto va a ser difícil y costoso. Los refugiados requerirán ayuda para aprender idiomas y para conseguir vivienda. Los países más ricos tendrán que ayudar a los menos acaudalados. La existencia de una economía europea revitalizada también sería beneficioso.

La solidaridad también es necesaria para ayudar a los sobrecargados países en las fronteras, en particular Grecia e Italia. Es difícil imaginar cómo se mantendrá la Europa sin fronteras de hoy día sin un servicio de protección de fronteras y de inmigración adecuadamente equipado. Pero esto requiere políticas comunes: una labor política de enormes proporciones.

Otra necesidad es proporcionar mucha más ayuda a los estados vulnerables que son los primeros en enfrentar la crisis de refugiados. Esto se aplica en particular a los que comparten fronteras con Siria. Una carga moral específica recae sobre los países cuya irresponsabilidad ayudó a desestabilizar a gran parte del Medio Oriente — principalmente EEUU y el Reino Unido. Pero Francia comparte la responsabilidad por haber intervenido en Libia y por haberlo abandonado. Estos países deben por lo menos ayudar a los que viven con los resultados de sus acciones.

Ahora hay que abordar dos tareas muy difíciles. La primera es la de implementar cierta estabilidad en los países desestabilizados. Para los europeos, los más importantes son Siria, Irak y Libia. Y, del mismo modo, los europeos necesitan al menos tratar de detener el contrabando de personas en su punto de origen. Esto requerirá una combinación de diplomacia y de coerción. Si los europeos son incapaces de lograr una gran parte de esto, ellos permanecerán a la merced de los acontecimientos. EEUU también debe desempeñar un papel más eficaz como generador de orden, y no de desorden, del que ha desempeñado por lo menos desde el año 2001.

Los europeos sólo quieren que los dejen en paz. Pero la UE vive en un mundo caótico. Tiene que encontrar una manera de hacerle frente a estas situaciones, excepto convertirse en una fortaleza que permite que los desesperados perezcan fuera de ella. La UE necesita una estrategia integral y eficaz. Sí, esta vez lo inimaginable tendrá que ocurrir.

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