Aislados para no “contaminarse”

Aislados para no “contaminarse”
Ellos son la Familia formada por la señora Briseida Ogando y Danilo Martínez, quienes entienden que no es necesario que sus hijos estudien.
Adriana Peguero
Carrera de Yegua, San Juan.-Habitar en una comunidad en donde la mayoría de sus moradores tienen acceso a la tecnología y ser indiferente a ella pareciera un cuento de hadas, pero lo cierto es que niños y jóvenes de Ranchito, hijos de familias menonitas, se les impide todo contacto fuera de su mundo, por lo cual están condenados a vivir aislados y tampoco se les permite interactuar con personas ajenas a sus creencias, porque se contaminarían espiritualmente.

 

La única opción que tienen es visitar la iglesia y el Colegio Menonita Quisqueya, donde se les inculca la doctrina de su secta día tras día.

En lo que respecta a su escuela, utilizan un método de enseñanza que los mismos estudiantes que han salido lo califican como deficiente, porque no les enseñan la historia patria, y en matemáticas aprenden las cuatro operaciones básicas y algunos quebrados, como lo expresara Magdalena Martínez Roa.

Esa religión viola casi todos los derechos humanos. Viola los derechos de los niños y viola la Constitución dominicana.
Secundino Palacios, médico psiquiatra

Mientras que el señor Florángel Martínez consideró que la enseñanza del colegio de los menonitas es una especie de “Quisqueya Aprende Contigo”, aún cuando permanecen ocho años dentro de sus aulas.

Personas de Ranchito entrevistados expresaron preocupación por las reglas que ha impuesto la Iglesia Menonita Conservadora en su comunidad, ya que se trata de una zona habitada por familias humildes y la única esperanza que tienen es que sus hijos alcancen una carrera universitaria para romper el círculo de pobreza heredado.

En el año 1980 se radicó aquí la Iglesia Menonita Conservadora, una religión extremista que ha inculcado en la mentes de sus seguidores, que deben criar a sus hijos “alejados” del conocimiento intelectual y de las personas que no pertenecen a esta religión, para que puedan “salvarse y alcanzar el cielo”.

“Desde que los menonitas se instalaron en esta comunidad, a muchos jóvenes se les ha atrofiado su vida intelectual, por lo cual hoy, son padres que se dedican a realizar trabajos agrícolas y del hogar para mantener a sus hijos, teniendo la capacidad para ser médicos, abogados, ingenieros, profesores y otras profesiones”, dijo Martínez.

Destacó que tal es el nivel de influencia que existe dentro de los hogares menonitas conservadores, que cualquier joven que decida continuar sus estudios fuera de la escuela que ellos administran, inmediatamente los padres tienen que sacarlo de la casa, porque así son las reglas de su iglesia.

“Yo no puedo abandonar a mis hijos. Yo tengo una hija que vive en la capital, la cual se fue de la casa porque decidió estudiar. Tengo uno de 16 y otra de 17 que no pueden estudiar en el liceo porque la religión se lo impide y los seis más pequeños fueron expulsados de ese colegio y sólo los reciben si yo boto de la casa a mi hija de 19 años, únicamente por el hecho de que se inscribió en el liceo”, contó.

Pide intervención 

El psiquiatra Secundino Palacios consideró que la Procuraduría General de la República y los Ministerios de Educación, Salud y Fuerzas Armadas, tienen que intervenir la comunidad Ranchito y otras en las que se hayan radicado los menonitas conservadores, porque a su entender se les están violando los derechos que por ley les corresponden disfrutar a esos niños y jóvenes.

“Esa religión viola casi todos los derechos humanos. Viola los derechos de los niños, viola la Constitución de la República, viola el Código Sanitario. Aunque la Constitución consagra el ‘derecho de culto’, no consagra el derecho a la exclusión del ser humano del conocimiento, de la ciencia y la tecnología”, manifestó.

Consideró que nadie puede estar utilizando el nombre de Dios para someter a una comunidad a condiciones inhumanas, que a su juicio son diabólicas e indignas, porque vulneran el crecimiento sano de niños, niñas, adolescentes y adultos que estén siendo víctimas de esas actitudes, las que calificó de salvajes.

Manifestó que este tipo de sectas llevan pánico y nerviosismo a sus seguidores, los cuales pueden desarrollar cuadros psicóticos.

“Esos muchachos pueden caer en cuadros psicóticos, si no es que ya están en procesos psicóticos agudos, y otras patologías mentales que se manifiestan con delirios, alucinaciones y miedo o temor a las personas”, aseguró.

Palacios consideró que es urgente intervenir el lugar, porque se trata de una religión sustentada en el temor, el pánico y el miedo.

“Eso no tiene nada que ver con la espiritualidad; al contrario, niega los principios humanísticos del cristianismo; y en consecuencia, hay que enfrentarlos de inmediato. Eso es una aberración psicopatológica”, consideró el experto en salud mental.

SECTA IMPONE REGLAS NO TRADICIONALES

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Hacerse de una profesión carece de importancia para los adultos de esta religión.

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A pesar de los avances tecnológicos, a niños y adolescentes de la secta menonita no se les permite usar la internet, ni ver televisión, ni usar celulares, ni escuchar radio, porque es “muy dañino”.

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VIVIENDO EN UN MUNDO ALEJADO DE LA REALIDAD

A las mujeres y niñas menonitas les imponen el uso de un camisón de colores tenues y cubrirse el pelo con un velo blanco, tanto en la casa como para salir, porque no es honroso mostrar su pelo.

La familia menonita en general habita en espacios aislados dentro de su comunidad, pues solo comparten entre ellos, y sus hijos, tampoco pueden ligarse con los niños de sus generaciones, para evitar que contaminen sus mentes.

“Mira, en su colegio los menonitas le dan pelas a los niños, tanto en las casas como en las escuelas. Ellos le dieron una pela a una de mis niñas antes de botarla, porque no hizo una tarea y entonces ella salió corriendo y llegó a la casa llorando. Mi hija, la que está en el liceo, se molestó y fue a la casa de la profesora guatemalteca que le pegó, a reclamarle y le lanzó un sillazo. Por esta situación expulsaron seis de mis niños del colegio”, contó Florángel Martínez.

Dijo sentirse entre la espada y la pared, porque la madre de sus hijos es menonita y está de acuerdo con todas las disposiciones que impone su pastor, Natan Mast, por lo cual solo apela al apoyo de las autoridades para que los ayuden a que sus hijos reciban el pan de la enseñanza en un centro educativo competente.

“Toda la juventud que se va de la iglesia, sale frustrada y tampoco siguen estudiando, lo cual es mi temor”, destacó.

Ese es el caso de Luis Alberto Merán, quien pasó parte de la niñez y su juventud en la Iglesia Menonita, pero ahora a sus 27 años de edad, ve lejanas las posibilidades de reiniciar los estudios.

“Imagínate yo tendría que buscármela para inscribirme en el liceo y hacer el octavo grado. Ya ha pasado mucho tiempo para pensar en eso”, dijo.

El LISTÍN DIARIO visitó la casa del pastor Natan Mast para que explique por qué les impiden a sus miembros superarse intelectualmente, pero éste manifestó que no podía hablar del tema, porque primero debe esperar que sus superiores le den el permiso.

“Debo tener oportunidad para pensar y prepararme para una entrevista. Yo prefiero, para participar en la entrevista, que mis superiores me digan”, agregó el pastor.

Fuente Listín Diario

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